“La diversidad no es una enfermedad, no se puede patologizar”

[ENTREVISTA] Nac Bremón. Activista trans*, integrant de la plataforma Trans*forma la Salut.

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Alba Crespo Rubio

El 14 de junio de 2016 la plataforma Trans*Forma la Salut reclamaba públicamente un cambio de modelo de sanidad que incluya y respete al colectivo trans, denunciando y exigiendo la desaparición del modelo actual, que patologiza y somete a un diagnóstico médico para ser reconocida como trans*.

Nac Bremón estuvo en esa presentación, sentado detrás de la mesa de ponentes, junto a otrxs miembros portavoces de esta alianza, la más grande hasta ahora en Catalunya de organizaciones en defensa de los derechos de las personas trans* (integrada por 22 grupos, además de gente independiente).

Unos días después del arranque de esta campaña, nos encontramos con él en las puertas del CAP (Centro de Atención Primaria) de la calle Manso, en el barrio barcelonés de Sant Antoni, donde está la unidad de TRÀNSIT, un servicio de atención a la salud de “transexuales y a toda la diversidad de personas con identidades no cisgénero” desde un acompañamiento respetuoso que huye de la medicalización de las disidencias sexuales y de género; un servicio que es el inspirador del modelo presentado. El lugar de quedada es casual, en realidad, “vivo aquí al lado”, nos comenta Nac mientras buscamos una terraza donde de el sol, después de una breve tormenta de verano.

La plataforma: ¿de dónde viene?

Pol Galofré y Miguel Missé llevan unos años organizando Cultura Trans*, un “proyecto activistas para la visibilidad trans* y creación y difusión de nuevos referentes”, tal como ellxs se definen. Para Nac, la existencia de ese grupo es lo que da la posibilidad que el colectivo se reúna y se empodere, dando lugar a Generem, organización de la que él forma parte, la primera a nivel de Barcelona.

“Hay varias personas que nos estábamos contentas con el trato en la UIG (Unitat d’Identitat de Gènere), que está en el Hospital Clínic de Barcelona. Nos quejábamos, comentábamos cómo nos sentíamos al respeto…”. En una charla organizada por Cultura Trans apareció Rosa Almirall, jefa de ginecología del CAP de Manso. Ella preguntó: “¿Cual sería la transición en la que vosotrxs os sentirías cómodxs, apoyadxs…?”.

“Todo se inicia en el hecho que una profesional de la salud nos preguntara qué era lo que necesitábamos. Ella tenia ganas de hacer algo por la salud en el tema trans, que respondiera a nuestras necesidades”, explica Nac.  TRÀNSIT, el servicio de atención que funciona en Manso, es el modelo ambulatorio alternativo en el que se basa esta propuesta: acompaña y responde las necesidades de cada persona y cada cuerpo trans*, sin patologizarlo. Es público, pero pequeño e insuficiente.

De ese descontento generalizado y compartido surgió la idea de poner una queja. “Pero no es una cuestión de una queja, lo que necesitamos es un cambio de modelo; per eso decidimos hacer una propuesta de modelo sanitario”, explica Nac. I desde Generem se pusieron a ello.

Generem no era suficiente, porque no recoge todo el colectivo en sí, y se contactó con otros colectivos. En ese proceso, se unieron, entre otras, grupos como Crysallis (de familias de menores trans), ACATHI (donde hay mucha gente inmigrante trans), Aprosex (trabaja con temas de prostitución), y también personas independientes. Era necesario para hacer la plataforma lo más inclusiva posible, que contemplara todo el mundo trans*.

Todo empezó el verano pasado, y Trans*forma la salut, como alianza de col·lectivos funcionan a partir de enero. “Ha sido un proceso complicado pero muy satisfactorio. Hemos coincidido en las bases, así que no ha habido problemas”, concluye Nac.

Una de las cosas más sorprendentes del sistema sanitario actual, es  que si eres trans*, tienes que ir al médico para que te confirmen cuál es tu identidad, quién eres… Es fuerte.

Totalmente. Se está ejerciendo violencia machista sobre nuestros cuerpos. Es una violencia estructural, de base. Te dicen que si eres trans* tienes un transtorno, y con eso te están diagnosticando. Están patologizando la diversidad, y no es necesario. No es una enfermedad, es diversidad.

Lo que tratamos es de cambiar de un paradigma biomédico a un paradigma bio-psicosocial, que es un salto muy grande en todos los sentidos.

Somos un colectivo que hemos asumido mucho el tutelaje y la patologización: Vamos un poco por la vida como dando las gracias por dejarnos existir.

¿Cuáles son las claves de la propuesta de Trans*Forma la Salut?

La despatologitzación es lo más importante, y la inclusión de la diversidad trans*. En la UIG tienen un perfil de las personas que acuden muy estereotipado, y cuando no entras dentro de los cánones de masculinidad o feminidad, hay un problema: no les encajas, no les cuadras. Si tienes una feminidad que no les cuadra, eres un “travesti” (fetichista o no), y te dejan fuera del sistema de salud. Por suerte estas personas pueden ir a TRÀNSIT donde no cuestionan, no ponen en duda quién eres. Allí, si tu dices que eres trans, eres trans; no tienes que demostrar nada.

Otra clave, muy relacionada, es no trabajar des del diagnóstico: actualmente, para poder acceder a los tratamientos, a las hormonas, a las listas de espera, al cambio de nombre… antes tengo que estar diagnosticado con un trastorno de disforia de género.

El modelo que se propone está basado en TRÀNSIT y un modelo que está vigente en Canadá. ¿En qué consisten estas bases?

Lo que hemos dicho: la despatologización, el acompañamiento, que no juzgan cuáles son tus necesidades, y lo intentan cubrir dentro de la cartera de servicios que tienen. El problema de TRÀNSIT es que hay que ampliarlo, no sirve como está ahora: no debe ser sólo ambulatorio sino hospitalario, para cubrir las operaciones. Y descentralizarlo.

El modelo de salud de Canadá lo que lo hace puntero es que lo ha creado el colectivo trans junto a profesionales de salud. Y esto es la clave: ir de la mano. No se trata de medicalizarnos: hay una serie de cosas como las hormonas, que las necesitamos, y muchxs las hemos tenido que conseguir en el mercado negro. Esta es una forma de poderlo conseguir legalmente.

¿Cómo hacerlo?

La idea sería elaborar un plan estratégico durante el próximo año. Hacerlo trabajando en un equipo conjuntamente con el cartera de serveis del Departament de Salut, del CATSalut, TRÀNSIT y el colectivo trans*, para crear el modelo y luego implantarlo.

Habría un centro de referencia en Barcelona que garantiza la formación de los profesionales de salud, para poder replicarlo en otros CAPs del territorio catalán, que serían unos 6 o 8. Entre 2016 y 2020, ir sustituyendo el modelo UIG hasta que desaparezca, e ir implantándolo en el resto del territorio, formando profesionales. Es un plazo que creemos totalmente posible.

Pero no nos sirve cualquier profesional, necesitamos un equipo que garantice que se haga bien la transición, y este equipo es el que está trabajando TRÀNSIT, que ya está funcionando con ese modelo de salud hace 3 años, que funciona, y que va a garantizar un traspaso de modelo a modelo. Si no se hace de manera consciente, a pesar del cambio, se podría volver a caer el las metodologías que se siguen en las UIGs.

¿Existe la predisposición por parte del Departament?

Tendrías que hablar con ellos. Por ahora Cartera de Serveis del Departament nos han dicho que están de acuerdo con nuestras líneas, l’Ajuntament también, pero hay que ver si a la hora de realizarlo realmente CatSalut va a cumplir.

¿Sois optimistas?

En la plataforma sí, tenemos razones para ver que es posible, pero a nivel personal me cuesta más, porque creo que hay muchos intereses de por medio: Clínic una empresa proveedora de CatSalut, que necesita beneficios económicos y quiere seguir teniendo las riendas. Y es muy potente. Eso puede obstaculizar la implantación real.

Es difícil pero se puede conseguir, se tiene que conseguir, por qué el modelo vigente ahora Sanitat está incumpliendo la ley aprobada por el Parlament de Catalunya. Es muy grave lo que está sucediendo, tiene que desaparecer, e imponerse el nuevo.

De hecho, la abogada Laia Serra lo decía en la presentación: “está todo preparado para empezar, si no se hace es por falta de voluntad política”. Porque la Ley Catalana 11/2014 del 10 de octubre”, conocida como la ley anti LGTBIfòbia, contempla la no-patologización, el tema es: ¿Por qué no se ha hecho hasta ahora, hasta que vosotrxs hacéis la propuesta?

No se había hecho porque hasta ahora no había un colectivo trans, no había nadie que hablara. Éramos personas independientes, no estábamos organizadas bajo una asociación. Algunxs nos quejábamos, no nos gustaba el sistema… hay muy poco empoderamiento en el colectivo. Somos un colectivo que ha asumido en muchos casos el tutelaje -que tanto odiamos por otro lado- de alguna manera hemos ido asumiendo la patologización, hemos aceptado un trato muy medicalizado, como si tuviéramos un trastorno, por parte de la UIG. Vamos un poco por la vida como dando las gracias por dejarnos existir.

Esto está cambiando.

Ahora estamos empoderándonos, sabemos que podemos reivindicar, que tenemos derechos, conocemos las leyes. Tenemos una plataforma que habla por el colectivo, que vela por los derechos de todxs. Empezamos ahora.

Tenemos muchas reivindicaciones, pero en el modelo actual el descontento tampoco puedes medirlo por las quejas. Hay un problema: hay mucha gente que está pasando por el Hospital Clínic que no se atreve a hablar. Piensan: “Si este es el único sitio que me cubre la operación, o una de dos: o pasas por ahí y te callas, o te lo pagas tu, si tienes recursos para hacerlo”. Entonces tienes que pasar por el aro. Por lo tanto hay mucha gente que no se atreve a protestar. Como cuando por ejemplo estás esperando a ser operadx en una lista de espera de 150 personas, con ocho operaciones anuales… es muy complicado.

¿Cómo se escogen estas ocho personas?

Va en función del “perfil”. De hecho, un poco a dedo. Ellos tienen unos criterios: si tienes apoyo familiar, si no trabajas en puestos como la prostitución, si tienes pareja estable, si tienes estudios, un nivel económico “correcto” (no precario). Y las condiciones físicas por supuesto. Es parecido a un sistema de puntos, vas sumando, digamos. Y depende de lo convencidas o que no les llegues a convencer a estas personas que te tienen que aprobar el tratamiento.

Hay perfiles que no les cuadran dentro de su esquema binario. Tienes que ser un prototipo perfecto de mujer o hombre según los estereotipos actuales. Y como tienen que elegir ellas, y los criterios los ponen ellas, al final es eso lo que prima. En realidad, es un poco aleatorio, y hay muchas personas que se quejan de esto: no hay una transparencia en cuáles son los criterios.

Yo me siento hombre, pero no me siento hombre como ellxs querrían. Es OTRA manera de sentirte.

Parece que la operación sea la “cura”, como si ser trans* fuera un problema.

Sí, totalmente. Las intervenciones son un tema importante y cada persona tiene que decidirlo. Pero decimos no a esta presión de tener que operarnos para ser normativizadxs. También hay la otra cara, gente que nos dice: no tenéis por qué operaros. O sí, igual lo necesitas. Hay gente que puede vivir, pero ir a la playa con barba y tetas es complicado. Te pasas el verano contínuamente pendiente, bajo las miradas, en vez de estar tumbado en la arena tranquilamente. Yo me haré la mastectomía, pero no porque tenga problemas con mis tetas, sino porque es difícil, estoy cansado. Me las quito y punto, me voy a sentir mucho mejor. No lo haces por obligación, pero hay presión social.

En la UIG, además, tampoco entienden que cada unx quiera seguir su ritmo; que les diga, por ejemplo, que me reduzcan la dosis de hormonas a la mitad. No entienden que yo no quiera esas dosis que están dando. Yo ya no tengo un cuerpo de 20 años, soy consciente que no está a prueba de bombas y quiero ir con cuidado. Hay gente que no quiere ni tomar hormonas. Hay personas que van porque necesitan apoyo, o saber qué hacer, o porque quieren un cambio de nombre.

Entonces te dicen: “¿Seguro que lo tienes claro?”

Y lo tienes?

Sí. Pero tengo dudas, claro que tengo dudas. Lo que queremos es que no nos digan cosas como “A lo mejor no eres tan trans”, sinó que respeten nuestro ritmo, que no nos cuestionen.

Yo tengo que ser el centro, y que el sistema gire entorno a mis necesidades, y no al revés. Porque voy a tomar decisiones que me van a acompañar de por vida, entonces, tengo derecho a pedir que me dejen hacerlo más despacio sin que nadie me ponga en duda, sin que nadie ponga en duda mi identidad.

Pero ¿quién no tiene dudas sobre su vida, sobre qué hacer con ella? Que no te permitan tener dudas sobre tus decisiones es muy violento.

Exactamente. Muchxs de nosotrxs lo decimos. Yo me siento hombre, pero no me siento hombre como ellxs querrían. Es OTRA manera de sentirte. Yo no voy a decir “soy un hombre tal cual marcan los esquemas de género”. No. Hay una diversidad. Estoy encantado con el cuerpo que tengo, con mis genitales, con todo. No me quiero operar, ¡no quiero que toquen nada! Son decisiones que no se encajan en un patrón dentro de “hombre”, con un tipo de hombre, con una masculinidad concreta. Pero eso no quiere decir que no lo sea.

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Nac, durante la entrevista. LAIA MARQUÈS

Si ya sufrimos estos roles y estereotipos habitualmente, vivir ese juicio constante contra tu propio cuerpo debe ser una batalla. ¿Cómo lo vivís?

Tienes que mentir mucho. Como cuando te preguntan si eres hetero. Yo no tengo ningún problema en mantener relaciones sexuales con cualquier persona, y parece que si les dices esto se empiezan a sentir extraños. Cuando lo dije en la UIG, me dijeron: “Pero tienes novia, ¿no? Pues ya está”. Y marcaron la casilla de “heterosexual”.

O si eres activo o pasivo. Cuando me preguntaron eso les pregunté: “pero pone que me lo preguntes ahí? (en el papel)”, porque es una pregunta muy personal, ¿a quién le importa si soy activo o pasivo? Me contestaron que sí, que lo ponía. “Pues entonces pon que soy activo”. Más me vale ser activo, porque si no… Contestan antes que tú puedas hablar: “Activo, ¿no?”. Pues… vale.

Son una serie de preguntas con las que te incitan a que tengas una contestación, no te dejan libertad. No te prohíben nada, nada es “obligatorio”, no te van a forzar a decir algo para que tengas más facilidades para operarte, por ejemplo. Pero se insinúa, se sugiere, es una violencia muy complicada, sutil.

Está todo muy patologizado. En los grupos de terapia, a parte de las 3 horas de test con preguntas absurdas para acceder al tratamiento, te entregan otros tests que parece ser que son estudios médicos. ¿Por qué somos un colectivo a los que nos someten a tests sobre trastornos alimentarios o de personalidad? Estamos hablando de un prejuicio exagerado. Además caen así de repente. Nos dicen que si no queremos no contestemos, pero ya sabes que estás restando puntos de listas de espera… es un continuo.

¿Esto de los estudios es así?

Yo, por ejemplo, estaba a punto de pincharme, y de repente me pasan una hoja para firmar. Me dijeron que era un estudio sobre temas cardiovasculares en mayores de 40 años. Le quitaron importancia, diciendo que las pruebas eran las mismas, que era una tontería. Una mierda: luego te hacen pasar una serie de pruebas, te extraen 20 botes de sangre cada tanto, te hacen llevar encima un aparato 24 horas…

¿Cómo empoderarse en este entorno tan hostil?

Es básico crear conexiones, trabajar juntxs. Ponerte en contacto a través de las redes sociales, charlas, colectivos, … Es la única manera que tiene la comunidad trans* de empoderarse. Hay libros que están saliendo ahora. En el tema de menores es muy muy importante, hace falta mantener el contacto con padres y madres, trabajar con ellxs, porque son personas que no tienen ni idea de qué hacer cuando les “toca” una criatura con identidad de género no normativa y pueden caer en los prejuicios de siempre.

Las redes sociales ayudan mucho, sobre todo para la gente que vive fuera de la ciudad y no tiene acceso a esto físicamente.

El sistema debe girar entorno nuestras necesidades, porque vamos a tomar decisiones que nos van a acompañar toda la vida.

¿Cómo trabajas el rechazo a ti mismo que promueve el sistema binario, la aceptación de tu cuerpo?

Primero tienes que ser consciente de quién eres, para empoderarte y enfrentarte al sistema. Hace falta conocimiento del propio cuerpo, de la sexualidad. Tenemos que corregir mucho el término “cuerpo equivocado”, porque asumir eso es partir de que eres algo que no es correcto, y eso es tremendo. Tu cuerpo es totalmente correcto, otra cosa es lo que decidas cambiar de él, o lo que quieras potenciar. Al fin y al cabo tenemos un lenguaje, vivimos una sociedad que es binaria, joder. Vas a un vestuario y tienes un problema: ¿dónde vas, al de hombres o de mujeres? Cada día te pasan cosas que no tienen importancia si eres “normal”, pero que si eres trans* y tienes un cuerpo que no es normativo, te das cuenta.

Bueno, como para todxs…

Exacto, hay gente que se opera la nariz, o quiere adelgazar, para ceñirse a las normas de género. No somos un colectivo marciano, que se libra de todo esto. Somos un colectivo que estamos bajo la mirada llena de prejuicios de la sociedad.

El empoderamiento del cuerpo es super importante desde esta perspectiva, pero hay que tener en cuenta en el mundo donde vivimos, a qué nos enfrentamos a diario.

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LAIA MARQUÈS

De este enfrentamiento muchas hacéis un activismo que puede ayudar a otrxs a tirar adelante.

Somos muy activistas pero no nos pasemos de intentar meter ideas que habrá gente que no entenderá o se sentirá cómoda. Es importante respetar la diversidad, de todo tipo. Si eres binario, eres binario, y adelante. Si quieres tener una masculinidad súper tradicional, yo ahí no me voy a meter. De hecho estamos hablando de empoderamiento, de no tutelaje, de no paternalismo; todo el mundo tiene derecho a decidir. Pero a decidir desde la información. Nosotrxs lo que hacemos es informar de las posibilidades que tienes y de otras maneras de ver el cuerpo, la masculinidad y la feminidad, que puedas empoderarte. ¿Te apetece? Adelante. Prefieres masculinizarte o feminizarte con los roles tradicionales, pues adelante también. Pero hazlo desde el conocimiento.

Cada día te pasan cosas que no tienen importancia si eres “normal”, pero que si eres trans* y tienes un cuerpo que no es normativo, te das cuenta.

Imagino que a la hora de proyectar este modelo, contais con aliadas dentro del sistema sanitario que os han ayudado, acompañado en todo momento.

Sí, sobre todo desde TRÀNSIT, Soraya Vega, que es psicóloga, o Rosa Almirall, la ginecóloga. Ayudan mucho en el sentido que no te ponen en duda, simplemente te acompañan. Te brindan la información completa que tú tienes que tener. Y en función de lo que necesitas, te dan las dosis que van acorde con tu cuerpo, tu ritmo. En terapia, no te preguntan, ya dan por hecho que tu eres trans*, no es ni terapia, sino un acompañamiento en todos aquellos pasos que tengas que hacer, lo que te cuesta, lo que no sabes, si tienes dudas… Te dan mucho espacio. Continuamente estás tomando decisiones, que al fin y al cabo son tu vida.

En el modelo UIG no lo hacen…

No, allí te diagnostican y te dan lo que supuestamente necesitas. Hormonas? Hormonas: te dan Reandron, que es un chute impresionante de testosterona cada tres meses. Igual no quiero esto, igual quiero una inyección cada quince días porque no quiero esos subidones que provoca el Reandron; o un Testogel que va a diario. Pero,  ¿esto por qué? Te preguntan. A mi personalmente me parece que están haciendo estudios que si les descuadras las dosis ya no les sirve.

¿Como es ir al médico convencional? ¿Se tiene en cuenta el hecho trans* como una variable para tratarte?

Mira, yo hace unos meses fui al médico porque tenía la gripe. Él tenía la pantalla de manera que yo la podía ver y me definía como TIG (trastorno de identidad de género). O un amigo el otro día fue al endocrino y le dijo que necesitaba que le recetara las hormonas que estaba tomando. Él se negó argumentando que necesitaba un informe psiquiátrico, aunque él pudiera demostrar que ya las estaba tomando.

No sólo hay que cambiar el modelo de la UIG del Clínic y pasar a la alternativa de TRÀNSIT, sino que tiene que haber un cambio a todos los niveles en la sanidad pública. De hecho, el objetivo de nuestra propuesta es que se diluya por todo, que sea transversal. Que cuando vayamos al endocrino, o el médico de cabecera en cualquier CAP, nos pueda atender, que no tengamos que ir a un médico específico. Pero eso ya es más a largo plazo, porque se tienen que formar a las profesionales, ya sea a través del Colegio de Medicina, de talleres o charlas, o en la universidad… ojalá. Que se tome partido en este tema.

¿El modelo presentado por Trans*Forma la Salut puede ser replicable?

Sí, es un modelo pionero, y totalmente aplicable en otros lugares. La facilidad que tenemos en Catalunya es que nos basamos en un modelo que ya está funcionando, y una ley que contempla esta transformación.

Hay muchos movimientos en el resto del estado Español. En Madrid están haciendo una propuesta por un modelo ambulatorio, y en Aragón también. En Andalucía ha habido un poco de caos: han hecho lo mismo que nosotrxs, pero haciendo un salto, porque han pretendido cambiar directamente las 8 UIGs provinciales sin pasar por una fase de implantación centralizada, y hay sitios donde ha dejado de funcionar, o siguen igual que el modelo anterior. Las profesionales que lo ejercen son claves para conseguir el cambio.

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