Los campos de nabos y “las mujeres primero”

Alba Mareca

El 10 de junio comenzaba la campaña electoral de cara al 26J y días antes ya resonaba en televisión la fórmula cuñada y machirula “las mujeres primero”. Esa frase repelente que el sistema heteropatriarcal sostiene y tu vecino ha grabado y pulsa play cada vez que te lo cruzas en el portal o el ascensor. Si le espetas que es absurdo, te dirá: “joder, sólo intentaba ser caballero”.

A ese caballerismo se enfrentaron Andrea Levy, Carolina Bescansa, Inés Arrimadas y Margarita Robles el día en que Antena 3 puso apellido al debate entre las cuatro políticas moderado por Vicente Vallés. “De Mujeres”, se llamaba. Quizás desde la cadena tan sólo estaban siendo caballeros. Pero lo que hicieron fue crear un espacio “para Ellas”. “Para que hablen de sus cosillas de mujeres entre Ellas”, bromeaba una amiga —decidimos tomárnoslo así porque el sexismo, con alegría, la verdad es que se combate mucho mejor—.

El debate, por tanto, era De Mujeres, no De Políticas ni tampoco De Campaña. Si pienso que se trata de una medida de la llamada discriminación positiva me río a carcajadas (ay, la alegría…): ¿tan difícil es tenerlas en cuenta en todos los espacios, sin la necesidad de crear uno especial para Ellas?
“Sí, es súper difícil. Queremos que sigan en su gueto”. Me imagino a la Dirección de Informativos de TVE respondiendo esto con una media sonrisa condescendiente mientras dan paso a su Debate a 7, es decir, el debate entre 6 hombres y una mujer.

Me resisto a pensar en casualidades cuando esto ocurre cada día en otro tipo de debates y tertulias políticas de todas las cadenas (la campaña “On son les dones?” lo denuncia a diario). Y me resisto a pensar que las y los profesionales que preparan los debates olvidan, siempre, muy casualmente también, a las mujeres asesinadas por sus parejas y ex parejas, a las que se encuentran en procesos de violencia machista, a las que denuncian y no obtienen ningún tipo de protección por parte del Estado, a esas invisibles que se enfrentan a las preguntas machistas de los magistrados y a las que viven con miedo mientras aprietan a sus hijos en su pecho esperando que la puerta de casa no se abra.

Me niego a pensar que los 20 segundos dedicados a la violencia de género, resueltos de forma pésima por solo dos candidatos en el debate a 4, sean azar. Al igual que los cero segundos que se destinan en cada debate político para hablar de la LGTBIfobia o la (des)patologización del colectivo trans*, ninguneado sistemáticamente por quienes, altamente preocupados por Venezuela, moderan la campaña: los canales de televisión.

Si son ustedes quienes tienen que abrirnos la puerta y dejarnos pasar, no se molesten. Preferimos tirarla abajo.

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